El closet es para la comunidad gay uno de los atributos más distintivos
y definitorios de la identidad individual y política. Ignorar las historias del
closet, del secreto y salir del confinamiento sería para muchos ignorar una
parte crucial de esta identidad. Sin embargo, a qué se debe ese carácter tan fundamental
del closet? Es el closet en realidad una fuente de resistencia frente a la
heteronormatividad?
Durante mucho tiempo los académicos en el campo de estudios de
gay/lesbianas han dedicado sus esfuerzos y discusiones políticas a cuestiones
relacionadas con el carácter construccionista/ esencialista de la
homosexualidad así como de posicionar la orientación sexual no heterosexual como
blanco de opresión y marginalización. No obstante, en Epistemología del Armario
Sedgwick hace énfasis en la necesidad de hacer análisis que vayan más allá de
dinámicas de poder lineales y oposicionales entre heterosexualidad y
homosexualidad. La autora destaca el análisis del closet no solo como una
estructura opresiva y foco de resistencia principal en la experiencia gay, sino
como un fenómeno que responde la reiteración del dominio de la
heteronormatividad. Así pues, cuando el
closet que contiene la relación secreto-
ignorancia se torna visible, una nueva relación surge entre conocimiento-poder-aceptación
del sujeto gay/lesbiana que lo hace perceptible y susceptible de ser vigilado.
Como lo expresa Foucault en Historia de la Sexualidad, la confesión (salir del
armario) es un mecanismo de poder que
hace visible y conocido aquello que está oculto con el objetivo de mantenerlo
bajo control y vigilancia.
Por otro lado, las narrativas acerca del closet sirven a la ratificación
de la oposición heterosexual/homosexual en donde la “otredad” del individuo
gay/lesbiana es un aspecto fundamental para definir la norma que es en últimas
el sujeto heterosexual. De manera similar ocurre la relación masculino-femenino
en donde para mantener la dominancia masculina es necesario constituir lo
femenino como lo “otro”, aquello que se distancia de lo valorado, sin embargo
sin la otredad no es posible definir la norma. De esta forma, la masculinidad
se constituye a expensas tanto de las mujeres como de los individuos gay
dado que ser hombre implica distanciarse
violentamente de lo femenino y negar las posibilidades en el continuo del deseo
homosexual. El homoerotismo se vuelve una
amenaza para el orden heterosexual y la masculinidad y en consecuencia se
genera el pánico homosexual y la homofobia.
Los discursos y debates acerca de la experimentación del deseo
homosexual como algo que ocurre a la minoría o por el contrario que está de
forma latente en la mayoría se convierten en el foco de ansiedad social e
histórica que permea las fuentes de producción de conocimiento. Finalmente, la
construcción del closet no solo sostiene la dominancia heterosexual por su
carácter confesional sino que anida la relación
dialéctica entre el deseo y el miedo que nace del homoerotismo y en el que se
reflejan los sujetos masculinos.
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